La onda expansiva debe extenderse en el tiempo. Si es posible prolongarla para los próximos 415 días, cuando en Tucumán se convoque a elecciones de gobernador. En el calendario parece un largo período de espera; en la agenda política, no. José Alperovich ya sembró la semilla de la refinanciación, con el apoyo técnico del Gobierno nacional. La reprogramación de vencimientos de la deuda a 20 años de plazo le dio un oxígeno inusitado a su administración. El agua no le llegará al cuello. El goteo de coparticipación no es el esperado, pero los funcionarios no se desesperan. Afirman que durante en la segunda quincena de mes se evidenciará en las cuentas la desafectación de los recursos coparticipables.
El Gobierno inicia hoy la Fiesta de la Independencia. Pero los festejos arrancaron hace dos meses cuando las proyecciones oficiales en materia de ingresos daban por sentado que mayo y junio serían meses excepcionales. Lo fueron: en ese bimestre, el Poder Ejecutivo recolectó casi el equivalente a lo que la Dirección General de Rentas puede recaudar en un año. Sí, las transferencias coparticipables rozaron los $ 1.100 millones en dos meses. Una suma similar es lo que 14 municipios le adeudan al Poder Ejecutivo por los sucesivos pactos sociales, con el que los intendentes pagan sueldos y realizan obras. Para ellos, el oxígeno fiscal es acotado. Están obligados a aferrarse al tren alperovichista que ya carga combustible para la estación electoral del año que viene.
Los millones van y vienen. La fiesta de la Independencia costará, en definitiva, $ 3 millones, y se espera que, al menos 50.000 personas puedan disfrutarla en vivo y en directo, tanto en el desfile como en los espectáculos al aire libre. Los U$S 765.300 incluyen el pago de los artistas, de la iluminación, del sonido y otros gastos. Vuelven los desfiles, algo que la sociedad tucumana añoraba desde hace un buen tiempo. Por la avenida Soldati se estima que 7.199 personas serán protagonistas de la mayor convocatoria cívico-militar. Cristina Fernández de Kirchner lo observará desde un espacio privado en el palco donde desarrollará toda su actividad protocolar. No hubo excentricidades en los pedidos presidenciales para esta visita de tan sólo tres horas. Por caso, durante la Cumbre del Mercosur, Cristina requirió aparatos de gimnasia y aromas especiales (vainilla, más precisamente).
El matrimonio Kirchner jugará de local en Tucumán. Al menos esa es la escenografía que montó la Casa de Gobierno para esta fugaz visita, quizás con la más numerosa cantidad de funcionarios (se estima que al menos 60 funcionarios vendrán desde Buenos Aires).
Sin grandes anuncios
Cristina Fernández no hará grandes anuncios. Improvisará un discurso, por cadena nacional, antes de partir hacia China, donde al país se le puede ir la vida si no se solucionan los cortocircuitos por las trabas en las importaciones del gigante asiático y que suspendió los embarques de aceite de soja a Oriente. El frente externo está tan abierto como el interno. Los choques con la Unión Europea pueden significar, en algún momento de la historia si no se soluciona, complicaciones para las exportaciones tucumanas que van hacia ese destino; particularmente el limón. En la sede del Ejecutivo lo saben y están tratando de llevar tranquilidad a los productores.
En el flanco interno, la oposición está minándole el camino a los superpoderes, esas facultades extraordinarias para cambiar el presupuesto a gusto y destajo. Alperovich, en Tucumán, no tiene ese problema. La mayoría parlamentaria le cuida la espalda a la gestión. Con sólo un llamado de la Casa de Gobierno, hay convocatoria al recinto para solucionar cuestiones que, si bien se las presenta como problemas coyunturales, en el fondo no lo son tanto. Sirva como ejemplo la inembargabilidad de los fondos estatales. En el Ejecutivo han dejado pasar los días y no hay certeza acerca de cuánto es la deuda generada por juicios con sentencia firme contra el Estado. Siempre hay una estimación oficial, y es histórica: $ 200 millones. Pero los problemas saltan a borbotones y no hay soluciones de fondo. Dos tapones nacionales también allanan el camino a Alperovich. Se trata del millonario juicio iniciado por la Compañía Aguas del Aconquija contra la Provincia en tiempos de Bussi, por la rescisión del contrato de servicio. Otro, que no es menor, es la interpretación de un decreto que puede generarle a la Provincia un costo estimado en $ 500 millones. Ambas cuestiones fueron plasmadas en una addenda del Plan de Desendeudamiento.
La Nación seguirá girando fondos a Tucumán. Hasta ahora está asegurado que habrá no menos de $ 3.900 millones por transferencias coparticipables para 2011. Un toque de atención: los gastos totales proyectados para el año electoral pueden alcanzar los $ 8.000 millones. Algunos explican que es el efecto del crecimiento más la inflación. Otros interpretan que es el costo de extender la fiesta para que la euforia contagie hasta las urnas. Los festejos continuarán...